domingo, 19 de mayo de 2013

"Levantarse y luchar"


La doctora Santos (“Rafi” para los cientos de amigos que la conocemos desde hace años) acaba de publicar un libro, “Levantarse y luchar”, que se presenta en sociedad el próximo día 23.
Rafi, doctora en Medicina y especialista en Psiquiatría, preside la fundación Humanae y ha dedicado muchos años de su vida a ayudar a personas jóvenes, tanto en el terreno de sus estudios como en su formación humana integral.
Aún no he leído el libro, pero presiento que tendrá mucho interés. Por eso, desde Canarias, me he permitido escribir a la autora para hacerle una sola pregunta: “de qué trata tu libro”. La respuesta me ha llegado inmediatamente.
El libro "Levantarse y luchar" explica cómo podemos aprovechar las adversidades para hacernos más fuertes. Se trata de recuperar el sentido positivo de la lucha, que siempre es necesaria para lograr cualquier objetivo. Tener miedo al sufrimiento y querer huir es la mejor forma de convertirse en un mediocre. Todos vamos a tener que afrontar a lo largo de la vida dificultades, pero nunca serán más grandes que la fuerza interior. Por eso, ¡hay que entrenarse!, no esperar a que lleguen y puedan abatirnos.
En mi libro entrevisto a personajes que encarnan la resiliencia, el desafío de vivir afrontando lo que pueda venir sin dar espacio a las quejas y al desaliento. Son historias que debían ser contadas, porque la felicidad no es algo que se encuentra por azar, sino algo que se busca y se conquista.   

En el centro del campo


¿Y esta foto que me envía Raquel?
Parece ser que en las espinilleras de Mario Suárez, centrocampista del Atleti de Madrid había dos imágenes de San Josemaría. 
Ya se ve que la devoción a los santos se manifiesta de formas muy variadas y pintorescas. De todas formas, la victoria de los rojiblancos llegó por méritos propios, sin intervenciones sobrenaturales.
--¿Y los tres disparos al palo del Real Madrid?
--No te metas en esto, Kloster.

Domingo de Pentecostés, Babel, Eurovisión y el sueño de Morfeo





 Pieter Brueghel El Viejo vio así la Torre de Babel
Pentecostés fue el reverso de Babel.
En Babel, Dios confundió las lenguas de unos hombres arrogantes que pretendían llegar al Cielo a fuerza de brazos. En Pentecostés el Espíritu Santo volvió a unir todas las lenguas y sanó las entendederas de la multitud para que partos, medos, elamitas, judíos, romanos, vascos, castellanos y catalanes pudieran escuchar el mismo mensaje de salvación.
Lo de Eurovisión fue como Babel, pero en hortera. No era mala idea tratar de unir a los pueblos por la música. Eso es lo que pretendían los inventores de la cosa en 1956, pero, después de casi 60 años de festival, la música casi ha desaparecido. Ahora lo importante son las luces, los colores, la percusión, el baile, los efectos especiales… Y comprar los votos de un país amigo. Las lenguas, como en Babel, no sirven para comunicarse, sino para identificarse.
¿Y el sueño de Morfeo? Fue sólo una pesadilla anunciada.

sábado, 18 de mayo de 2013

Vuelta al bombín


Leo en “El Comercio” de Gijón que doña Ana González Rodríguez, consejera de Educación del Gobierno de Asturias, ha enviado una circular a todos los colegios de la región para que supriman la Navidad y la Semana Santa del calendario escolar. A partir de ahora pasarán a llamarse "vacaciones de invierno" y "vacaciones del segundo trimestre", respectivamente.
Me sugieren que proteste, que envíe una carta..., pero la cosa tiene mal arreglo: el laicismo sigue siendo tan cursi en el siglo XXI como en los años del bombín y el miriñaque. Y la cursilería no se quita ni con aguarrás. 

Primavera en Canarias



Dicen que está nevando en Galicia en pleno mes de mayo, y me cuentan que en Burgos no se creen lo del calentamiento global. En Canarias tenemos de todo: en media hora de coche he pasado del diluvio al huracán y del huracán al sol más radiante. Un paisano de Vecindario me dijo que hacía frío. El buen hombre se abrigaba con un pantalón corto, unas alpargatas y una camiseta de tirantes.
He buscado en vano pájaros exóticos, pero no he visto nada especial: grandes bandadas de vencejos, muchas alpispas (lavanderas cascadeñas) y más cernícalos de los que caben en una isla como esta. Hablé con varios paisanos sobre la final de copa. No fue posible cambiar de conversación. La mayoría iban a favor del Atleti, pero sólo por fastidiar al Madrid y a su entrenador.
Ya de regreso, traté de ver algún petrel, el ave oceánica más amenazada. Fue inútil.
El día terminó bien, gracias a Simeone y sus muchachos. Vi el partido en el IPad con toda nitidez, pero con diez segundos de retraso sobre la radio.


viernes, 17 de mayo de 2013

Paisajes y Paisanos


Las chicas se van de excursión en busca del sur, donde nunca llueve, y yo daré un paseo por la Isla para hablar con los lugareños. Más que las playas o los los montes me atrae el lenguaje musical de los paisanos, la sabiduría paciente de los campesinos, la amabilidad de las gentes de esta tierra.
Hace años una empleada de El Corte Inglés me llamó "mi niño". ¿Ocurrirá otra vez el milagro?

Sabiduría





―Don Enrique, ¿qué pensó San José cuando tuvo a Jesús en brazos por primera vez?
¿Lo veis?; la sabiduría no está en la respuesta, sino en la pregunta.

jueves, 16 de mayo de 2013

Las espinas



Estoy aprendiendo mucho con mi nuevo trabajo.
Cuenta el Evangelio que el Sembrador lanza a voleo semilla y le basta con que la tierra esté bien dispuesta para dar el fruto de la Sabiduría. Pero “parte cayó entre espinas; y crecieron las espinas, y la ahogaron”.
Veo cada día a personas humildes, generosas, donde la semilla prende con inusitada rapidez. Son los verdaderos sabios. Y, al contemplar la belleza del fruto, me ha venido el recuerdo de algunos teólogos arrogantes en los que la erudición parece crecer y crecer como las espinas de la Parábola hasta ahogar la semilla.
¿Será que la erudición es un obstáculo?
“Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los  ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de predicación y conocer todos los secretos y todo el saber…” (I Cor. XIII) 
 

miércoles, 15 de mayo de 2013

1763 Kilómetros



Esa es la distancia que hay entre Madrid y Las Palmas. Igual que entre Madrid y Praga.
La Gran Canaria me recibe mejor que la última vez. En octubre llovía a mares y hacía un calor sofocante. Ahora es primavera y me propongo comprobarlo de vez en cuando haciendo alguna escapada a los bosques donde aún reside el pinzón azul.
El comienzo del viaje fue interesante. En el bar de Barajas, donde di cuenta del bocata fósil y una caña, se me acercó un extraño personaje, calvo en lo más alto de su azotea y con un moño rubio en la nuca.
―¿Puedo utilizar esta silla? ―me preguntó en un trabajoso castellano―.
Supuse que se la quería llevar a otra mesa, pero no. Se sentó frente a mí, me miró a los ojos y me interrogó:
―¿Usted es sacerdote católico?
―Sí…
―¿Y tiene el poder de perdonar los pecados?
―Es Jesucristo quien perdona ―le respondí―; el sacerdote lo hace en su nombre.
―¿Todos los pecados? ¿También la hechicería?
No me dio tiempo a responder. Soltó una leve y civilizada carcajada, cogió la silla y se incorporó a un grupo de bebedores de cerveza que había a pocos metros. Todos lucían enormes tatuajes en los brazos. Una de las chicas llevaba además diez piercings (los conté) en una sola oreja. Supongo que dormirá del otro lado.
No dejaron de mirarme y hacer comentarios durante los siguientes minutos. Probablemente pensaban con razón que el raro era yo.
La última anécdota destacable me ocurrió después de recoger la maleta en el aeropuerto de Las Palmas. Había alquilado un coche desde Madrid y fui al correspondiente mostrador para ultimar la gestión y recoger la llave.
La empleada estaba muy nerviosa.
―Gracias a Dios es usted el último ―me dijo―. No puedo más. ¡Caramba, se llama Monasterio! Es un apellido muy adecuado para un sacerdote.
―Ya se lo diré al resto de mi familia. A lo mejor se lo piensa alguno y se hace cura también…
―Le advierto ―respondió sonriente― que me encantan los sacerdotes; soy catequista en la parroquia de Vecindario y mañana tengo que ir para preparar a los niños que van a hacer la Primera Comunión.
Diez minutos después, cerraba la oficina y me acompañaba a buscar mi coche no sin hacerme una rebaja más bien simbólica en el precio final.
―¿Y qué libro me puede aconsejar?
Le regalé el que llevaba en la mochila.
 

martes, 14 de mayo de 2013

Terminal II



Os dije esta mañana que viajar en avión es una tortura. Hoy, sin embargo, me lo he pasado la mar de bien.
En la terminal II de Barajas veo un cura bajito con aire despistado en la cola de facturación. La cara me suena, pero no sabría precisar de qué. Me acerco por la espalda y le oigo hablar con una empleada de Air-Europa. Su voz me resulta inconfundible: es don Ricardo Blázquez, el que fue obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal.
―¿Le puedo ayudar, Don Ricardo?
―No sé. Es que yo voy a Roma, y me parece que me he equivocado de mostrador.
Resolvemos nuestros asuntos y, ya sin maletas, echamos una parrafada. Poco a poco va recordando que, hace muchos años, lo invité a una tertulia en el Colegio Mayor Somosierra.
―¿Sigues allí?
Le hablo de mi nuevo encargo y me da ánimos para el curso que empiezo en Canarias.
Camino de la zona de embarque, oigo una voz a mi espalda:
―¿No será usted don Enrique Monasterio?
―¿Se me nota mucho?
La vocecita pertenece a Olga, una chica la mar de simpática que va camino de Berlín con su madre a un concierto de Andrea Bocelli, que es el tenor de sus sueños.
No sé cómo me ha reconocido Olga, ya que no nos hemos visto nunca, pero si una chica mona te dice cosas tan agradables como “le sigo todos los días en su globo”, “estoy leyendo su último libro sobre la Pasión”, “me encantó el del belén…”, etc., pierdes la cabeza y hasta el sándwich de lomo que me ha preparado la administración.
Al fin me siento en un bar junto a la puerta de embarque y me lanzo sobre un bocadillo fósil de jamón y una caña de cerveza.
El espectáculo no ha hecho más que empezar. A ver si mañana lo cuento.