viernes 20 de noviembre de 2009

Contra la pornografía infantil

Los cientos de millones de páginas pornográficas que llenan la red no están ahí porque las haya puesto el diablo. Las han puesto los hombres. Hoy, 20 de noviembre, es un día dedicado a luchar contra las más repugnantes de todas: las que utilizan a los niños: la pornografía infantil.

Con mucho gusto me uno a esa campaña e incluyo en mi blog el vídeo correspondiente. Pero seamos sinceros: hay que ir a la raíz. Cuando la pornografía "adulta" se ve como un derecho y se fomenta en nombre de la libertad individual, es inútil tratar de ponerle límites.

Hay que luchar por defender la dignidad del hombre y de la mujer. El cuerpo humano no puede ser un objeto banal de consumo. La sexualidad es un don de Dios que nos permite participar de su amor y de su poder creador, no un juguete para obsesos.

La pornografía infantil es sólo el último (o penúltimo) estadio de un proceso de corrupción que es preciso atajar con energía si no queremos que esta civilización nuestra quede sepultada por tanta basura.




Reñir con Dios

Me dices que has reñido con Dios; que no te hablas con Él desde el mes de junio, cuando murió el hermano de tu mejor amiga, a pesar de que rezaste muchísimo para que se curara del cáncer.

Luego me aclaras que, además de ser hermano de esa amiga tuya, era un “niño superbueno” y te gustaba un poco.

Te comprendo muy bien, entre otras cosas porque en los últimos días tres personas distintas me han dicho lo mismo que tú: que se han enfadado con Dios, que Él no ha escuchado sus oraciones. A los tres os respondo lo mismo: que yo también estaría furioso, pero que se lo contéis directamente al Señor, porque yo no soy su buzón de reclamaciones.

Hablar con Dios siempre es lo mejor; aunque sea para decirle que no le entendemos, que por qué nos ha hecho eso, que es una injusticia… En fin, ya sabes: todo lo que me has soltado en la capellanía hace un momento.

Además es muy posible que esta vez Dios no guarde silencio y te conteste.



jueves 19 de noviembre de 2009

Otra vez las torres


Algunos de mis lectores saben que me horrorizan las cuatro torres gigantes que han colocado al final del Paseo de la Castellana, en Madrid; lo escribí en el blog hace algún tiempo. Yo entiendo en que Manhattan estarían bien; al fin y al cabo Manhattan es una isla que sólo puede crecer hacia abajo o hacia arriba. Tampoco desentonarían en Hong Kong. Pero Madrid, como dijo Cela, “es sólo un poblachón manchego lleno de subsecretarios”. O sea, que estamos en la Meseta Sur, en una semiplanicie infinita y medio desértica que nos permite expandirnos en todas las direcciones y respirar a pleno pulmón. ¿Qué necesidad hay de colocar cuatro horteradas semejantes apuntando a las nubes? De momento han conseguido que el tráfico se haga un poco más insoportable.

Kloster, que es un tanto radical, asegura que las torres de Madrid son cuatro monumentos a tres pecados capitales: la soberbia, la envidia y la avaricia. La soberbia nos lleva a ponernos de puntillas para que se note que somos los más grandes, los más altos y los más ricos; la envidia nos impulsa a copiar malamente todo lo que vemos en los demás, sin pararnos a valorar y a dar gracias por lo que tenemos; y la avaricia nos hace ganar euritos sin freno consiguiendo una bonita recalificación de los terrenos que permite construir monstruos de 60 pisos cada uno, con el exclusivo fin de hacer caja.

Ahora me cuentan que en lo más alto de una de las torres han inaugurado una capilla y que allí estará el Sagrario más alto de España. Dicen que la inauguración ha sido muy solemne y que el capellán del edificio ya ha celebrado la primera Misa con asistencia del propio presidente de la cosa.

Yo, la verdad, no suelo hacer demagogia los días laborables, pero ahora siento la tentación de decir lo que pienso; o sea, que me importa un rábano el piso en que sitúen la capilla y la altura que tenga sobre el nivel del mar en Alicante. Sigo creyendo que las torres son un error y un horror, y sueño con una ciudad más serena y razonable, con Sagrarios, por supuesto. Y con templos, altos o bajos, que den gloria a Dios y no a la presunción humana.


miércoles 18 de noviembre de 2009

Con los padres




Los capellanes del colegio hemos convocado a los padres de los alumnos que han elegido voluntariamente empezar la catequesis de la Confirmación. José María, que tiene la rara virtud de no irse por las ramas, toma el micrófono y les habla del contenido y la forma en que va a desarrollarse la catequesis y les insta a colaborar, animando a sus hijos e hijas a hacer ese pequeño esfuerzo.

Luego subo yo escenario (Dios mío, qué jóvenes me parecen todos, sobre todo ellas). Les hablo del rebaño de pavos y de pavas que hemos de pastorear: 470 chavales de 16 y17 años; les digo que vale la pena comprometerse en serio en la formación de sus hijos: es su derecho y su deber. Que no sean “amiguetes”, sino padres; que los quieran mucho y los escuchen, pero sin renunciar al ejercicio de la autoridad. La educación en “valores” no basta: los valores deben asentarse en unas convicciones sólidas. Sin ellas, serían valores flotantes, etéreos, puro sentimentalismo. Por último, hablamos de virtudes humanas, que deben desarrollarse en el seno de la familia: la reciedumbre, la generosidad, la valentía, la sinceridad, la magnanimidad….

Como veis, todo muy serio. No entiendo de qué se ríen tanto.

Flores para el blog



Ayer recibí un ramo de rosas con una tarjeta casi anónina. La remitente también se llama Rosa, pero no dice su apellido ni su dirección. Me da las gracias por el blog y pide oraciones por un problema familiar.

El ramo me llega a través de una conocida empresa que distribuye flores por el mundo entero. La redacción de la nota trae aromas y acentos del otro lado del Atlántico.

Gracias, Rosa. Nadie hasta hoy me había mandado una flores. Tus rosas están ahora a los pies de una imagen de la Virgen. Sólo por estos detalles tan inesperados y conmovedores vale la pena mantener vivo el blog.


martes 17 de noviembre de 2009

¿Será esto la Alianza de Civilizaciones?





Ibamos
en la misma dirección caminando por la acera. Ella, detrás de mí, cantaba sevillanas con una voz espléndida y un acento extraño que no acerté a identificar:

Se va poniendo morena a la misma vez que yo. Ella de polvo y arena, yo de los rayos del sol...

Luego hablaba de la "medalla del camino" y de la Virgen del Rocío, que le quita las penas. Perdonadme el estropicio, pero no me pareció correcto detenerme para tomar nota.

Como era una voz femenina me dio cierto reparo volver la cabeza para mirarla. Así que ralenticé la marcha. Mientras me adelantaba siguió tocando las palmas con bastante arte. Era una chica africana de dieciocho o veinte años, negra como el carbón, con una sonrisa blanca esplendorosa y un peinado de esos que requieren tiempo, arte y mucha paciencia.

Habría estado mal decirle un piropo, pero por poco se me escapa.

* La chica de la foto puede tener un aire a la que he visto hoy.


lunes 16 de noviembre de 2009

Otro anuncio

Este corto de Acciona está dando que hablar en Internet. Técnicamente es muy bueno, pero no sé si consigue su objetivo publicitario.


Los lunes, publicidad

Casi me olvido del anuncio semanal.
La gota que colmó el vaso..., de cerveza:


Usar y Tirar



Todo empezó cuando apareció el BIC, no me cabe duda. Hasta entonces escribíamos a lápiz, a pluma o a bolígrafo, pero no era lo mismo. El lápiz se consumía poco a poco a golpe de sacapuntas y, cuando quedaba reducido a la mínima expresión, le colocábamos en la popa una prótesis metálica para alargarlo y así aprovechar la mina hasta el final. La pluma (me refiero a la estilográfica, no me remontaré a las viejas plumillas de mojar) se llenaba en el tintero apretando y soltando el cargador que absorbía el azul elemento. Y el bolígrafo, que llegó en los años 50 con librea de lujo, capuchón dorado y cuerpo de baquelita lustrosa, se presentaba a sí mismo como “una pluma que no se carga”; bastaba con sustituir una vez al año el tubito del interior.

Así vivíamos felices hasta que llegó el BIC de usar y tirar. “¡BIC naranja escribe fino; BIC cristal escribe normal!”, cantaba la publicidad de la época. Y como eran baratos, interclasistas y fáciles de morder por la punta, reventaron el mercado en cuatro días. Jubilamos los tinteros, los secantes, los sacapuntas y los “alargalápices”. Los BIC se compraban, se prestaban, se robaban, se olvidaban… y nos cambiaron la vida.

Lo mismo ocurrió con los encendedores. En los años 60 el mechero era expresión del nivel social y buen gusto de quien lo poseía. Los más rústicos manejábamos unos chisqueros que apestaban a gasolina con plomo y ardían sin moderación con humo y todo. Pero también había mecheros de oro, de diseño, muy adecuados para encender galantemente el pitillo emboquillado de una dama en cualquier fiesta de alto standing, cuando fumar aún no era pecado. Hasta que llegó el BIC: un artilugio de plástico lleno de gasolina súper, con una rueda, una piedra y un regulador de la llama, y aquel ingenio elemental derrotó a la competencia en pocos meses. Entró en los despachos de los banqueros para encender montecristos, y bajó a los tugurios para prender las colillas de los menesterosos.

La revolución BIC nos transportó a un estado de euforia patológica. Fuimos poseídos por el síndrome orgiástico del estreno permanente. ¿Qué importa que el encendedor sea de plástico, si podemos inaugurar uno cada veinte días? Ayer era rojo, hoy amarillo, mañana azul celeste. ¡Viva la novedad! Ya nadie presume de llevar en el bolsillo un reloj de principio de siglo con más cicatrices que un torero, que sigue funcionando como si nada y toca las campanadas del Big Ben. Ya no nos apetec e escribir cartas de amor con la pluma —experta en amores— que nos legó el abuelo. Ya no encuadernamos los libros viejos para conservarlos por generaciones. Ya no mandamos a limpiar o a reparar las maquinas averiadas.

Pronto comprendieron los fabricantes que a nadie le interesa tener en casa algo que dure “toda la vida”. ¿Quién necesita un ordenador eterno? ¿O una tele? Hay que renovar y renovarse sin freno. Hace tiempo que desapareció de los hogares aquel entrañable huevo de madera que utilizaban nuestras abuelas para zurcir calcetines. Los calcetines se usan y se tiran; eso es lo correcto. Ya lo dice IKEA: redecora tu vida, tío, que lo nuevo es bello y la arruga cutre. Tira a la basura lo viejo. O mejor, recicla. No hay bienes de uso. Sólo de consumo.

Y si un día, al mirarte por la mañana en el espejo, compruebas que tú también estás listo para el recicle o para el camión de la basura, disimula, que la cosa es grave: pínchate un poco de botox por aquí, otro poco por allá, y a resistir como un héroe: que nadie sospeche que tienes cien años, porque, para la generación de usar y tirar, los viejos son trastos rotos sin valor.

Sin embargo Su experiencia los hace sabios, y esa sabiduría es parte de su belleza. He dicho belleza, sí; no me he equivocado. No pidamos a los viejos que sean “marchosos” y “enrollados”. Que no hagan el ridículo, por Dios; que no caigan en la tentación de quitarse años, porque los años son parte importante de un patrimonio que nos pertenece a todos.

Este mundo nuestro necesita sosiego, calma, silencio, paz. Reclama la sabiduría de los viejos para que el vértigo de lo nuevo no nos haga morir de inmadurez.

domingo 15 de noviembre de 2009

Sólo un poema

Esta tarde regreso a Madrid. Entre tanto, os presto este poema del recientemente fallecido Muñoz Rojas
Hay palabras que se unen y crean.
Su unión siempre es fecunda. Quien las tenga

de huéspedes en el alma será salvo.

Decirlas es perderlas. Viven dentro.

Sus nombres son Silencio y Soledad.

Y su fruto la paz. A veces nuestra.

José Antonio Muñoz Rojas
"Objetos perdidos"

sábado 14 de noviembre de 2009

No sé dónde tengo la cabeza



—Estoy
preocupado, Kloster.

—Ábreme tu corazón, colega, que te escucho.

—Como sabes, estoy en Molinoviejo.

—Lo sé. Hemos venido juntos.

—El caso es que ayer, al deshacer la maleta...,

—…viste que habías olvidado en Madrid tres objetos, como siempre. Lo contaste en el blog este verano. No debes preocuparte, tú eres así. Es buena cosa seguir las tradiciones.

—No es eso… Al contrario.

—No te has olvidado nada.

—Eso es. El corazón se me aceleró cuando comprobé que, por primera vez en muchos años, tenía todo lo que necesitaba…

—Magnífico. ¿Entonces qué es lo que te preocupa?

—Que en la maleta habían aparecido tres objetos de más completamente inesperados.

—Ya…

—Un peine (he traído dos), un traje de baño que jamás he usado, y menos en noviembre y un libro de papiroflexia que no pienso leer. ¿Puedes entender por qué he metido todo eso en mi equipaje?

—Elemental, colega. Tu subconsciente quiere perder esos tres objetos y ya has decidido olvidártelos en Molinoviejo cuando vuelvas a Madrid. De este modo, mantendrás tu prestigio de sabio viajero olvidadizo y te librarás del lastre innecesario.

—Puede ser, amado Kloster. Recuérdame que hable de este asunto con mi podólogo. Últimamente pienso con los pies.

viernes 13 de noviembre de 2009

Sombras chinas

Me las envía Piku, y me han recordado al famoso mito de la caverna del que hablaba Platón.


video

jueves 12 de noviembre de 2009

Otra vez a Molinoviejo


Como los lectores de este blog estáis al tanto de casi todas mis salidas de Madrid, ya no tengo que explicar nada de Molinoviejo, donde predicaré un curso de retiro este fin de semana a treinta y tantas mujeres.

Además intentaré poner en marcha un trabajo que me asusta y me ilusiona. Espero que don Jesús Urteaga, desde el cielo, me ayude a escribir los primeros folios de su biografía.

Ed è subito sera...


Algunas veces la vida termina como las buenas películas americanas: con un plano general, un crepúsculo dorado, una figura humana que se aleja y un the end que nace de una estrella y se agranda en el cielo. Para entonces, los espectadores ya se han levantado de sus butacas y empiezan a abandonar la sala. Nadie, por supuesto, leerá los créditos finales.

Otras veces, en cambio, la vida es una novela a la que alguien ha arrancado el último capítulo. Termina de improviso, sin desenlace, a mitad de una frase o incluso de una palabra cuyo significado nadie entenderá; viene así, tan de rep...

Sin embargo, para Dios todas las vidas tienen sentido. También estas últimas. ¿Quien sabe? Una existencia truncada a mitad del camino puede ser en el Cielo una novela maravillosa.

"Ognuno sta solo sul cuor della terra / trafitto da un raggio di sole: / ed è subito sera". Cada uno está solo en el corazón de la tierra, traspasado por un rayo de sol. Y, de pronto, anochece.

(Perdonadme este pensiero melancólico, que me asalta al salir de un hospital, y la torpe traducción del poema más famoso de Salvatore Quasimodo)

miércoles 11 de noviembre de 2009

Una mañana corriente



Los periódicos de papel y los virtuales buscan titulares para definir la eliminación del Madrid a manos del Alcorcón: “catástrofe galáctica”, “bochorno insoportable”, “ridículo sideral”, “humillación en la Galaxia”… Salgo de casa improvisando una canción alusiva: “Los goles que marca Alcorcón/ no son azulgranas ni tienen color./ Alcorcón, Alcorcón, Pellegrini no come el turrón…, etc.”

Llego al colegio. Una chica lleva inscrito en su camiseta: ¡Soy de Alcorcón! Los del Atleti parecen moderadamente felices. No mucho porque, según me confiesa uno, “hemos ganado seis cero al Marbella, pero los titulares siempre se los llevan los mismos".

A la once y cuarto misa de difuntos por los familiares y amigos fallecidos de los chicos de segundo. En la homilía les preguntó en qué se parece la Iglesia a un iceberg, pero no lo saben. Les digo que la Iglesia, Santa y Católica, está sobre todo en el Cielo y en esa antesala del Cielo que llamamos Purgatorio; que lo que se ve aquí abajo es sólo la punta del iceberg. Los chavales escuchan muy serios, con cara de susto, como si nadie les hubiese hablado antes de la vida eterna. Ni siquiera sonríen cuando, al final, les gasto una broma a propósito de los cerdos y de San Martín, que es el santo del día.

Después de la Misa viene a verme Casilda:

—¡Soy de Bilbao! —comienza, consciente de que es la mejor presentación posible—.

Luego resulta que del mismo Bilbao no es, sino de Neguri. O sea, más o menos como yo. Charlamos de genealogías antes de entrar en materia.

A las 12, 25 suena la alarma. ¡Hay que desalojar el edificio! Todos sospechamos que se trata de un simulacro y nos portamos civilizadamente: en menos de cinco minutos se han vaciado las clases y se ha organizado la gran tertulia en el patio.

De vuelta a clase, charlo con María, con Alex, con Santiago y con un tío grandón, cuyo nombre he olvidado, que le gusta hablar con el cura para “confrontar ideas”, aunque se considera ateo. Resulta que, además, es del Madrid.

—¡Vaya por Dios! Te acompaño en el sentimiento.

—¿Por la copa del rey?

—No, tío, no; por ser ateo y tener tantos cates.


martes 10 de noviembre de 2009

Patriotas

Ubi bene, ibi patria, escribió Cicerón: donde te encuentras bien, allí está tu Patria.

Ahora entiendo por qué me siento patriota de tantas patrias distintas; por qué me niego a menospreciar a ninguna; por qué me gustan las banderas cuando pueden estar juntas sin ser estandartes de banderías; por qué me encuentro a disgusto donde se odia o se ofende al vecino... Porque el vecino siempre soy yo.

En mi ventana cabe el Cielo entero con tal de que esté siempre abierta.



(Mientras escribía esta reflexión recordé el punto 525 de Camino):

Ser "católico" es amar a la Patria, sin ceder a nadie mejora en ese amor. Y, a la vez, tener por míos los afanes nobles de todos los países. ¡Cuántas glorias de Francia son glorias mías! Y, lo mismo, muchos motivos de orgullo de alemanes, de italianos, de ingleses..., de americanos y asiáticos y africanos son también mi orgullo.

—¡Católico!: corazón grande, espíritu abierto.


Dúo para gatos

Gracias, Santi, por mandarme un nuevo vídeo. Hoy ando mal de tiempo y peor de imaginación.

Se trata de un dueto cómico que escribió Rossini. Cansado de la falta de afinación de sus sopranos decidió componer este duo para 2 gatos, para burlarse de las mediocres sopranos de su època. Son 3 minutos que valen la pena.

Quizá os parezca demasiado susceptible, pero me molesta un poco que los chavales vayan con hábito frailuno y grandes cruces colgadas al cuello. Para maullar podrían haber utilizado otra vestimenta


lunes 9 de noviembre de 2009

El mejor

¿Quién dijo que Messi es el mejor del mundo? Yo me quedo con Ibrahimovic. Lo malo es que también está en el Barça.



El gol al Mallorca fue espléndido; pero éste es insuperable Yo lo colgaría en el Museo del Prado.



Hombres y mujeres

Es el eterno problema de la igualdad y la diferencia. Aquí un conferenciante da una interpretación muy singular.

Me lo envía Marga desde Bilbao.

video

La llamamos Almudena


Cuando fui por primera vez a Castellón conocí a una niña de diez o doce años que se llamaba Lidón. Yo, que nunca había oído ese nombre, le pregunté qué significaba. La chiquilla, como quien explica algo obvio a un ignorante, me dijo:

-Es el nombre de la Virgen. Aquí la llamamos así.

Es cierto; las mil advocaciones de la Madre de Dios son nuestro modo de acercárnosla, de tratarla de tú y comprometerla con las necesidades y peticiones de un país o de un pueblo. A Ella le gusta tener mil nombres: Begoña, Guadalupe, Lidón, Montserrat...

Aquí, en Madrid, la llamamos Almudena, y hoy es su fiesta. Felicidades a todas las que llevan ese nombre de María.


domingo 8 de noviembre de 2009

Daría... "cualquier cosa"


Las llamadas “redes sociales” son tertulias virtuales tan abiertas y libres como quieran los que participan en ellas. Hoy he entrado en una en la que, al parecer, tengo reservado un hueco que nunca ocuparé y leo el siguiente diálogo, del que sólo corrijo la ortografía y la puntuación:

—Daría cualquier cosa por volver a ser joven.

(Lo escribe una chica que acaba de cumplir 40 tacos y está “agobiada”)

—¿Sí? ¿Qué darías?

—Cualquier cosa, no sé… Diez mil euros.

—Y con tal de ser joven, ¿harías deporte? ¿Volverías al colegio? ¿Te pondrías uniforme?

—Bueno, no tan joven como eso.

—O sea, que volverías a la uni, a ligar con Manolo…

—¡Ni de coña! Oye, tía, hablo en serio. Te juro que daría lo que sea por tener veinte años menos…

—¿Darías un millón?

—Bueno, es que si tuviera un millón, no me importaría ser tan vieja.

(La conversación continúa, pero no daré más pistas).

sábado 7 de noviembre de 2009

Un tsunami en mi habitación

Estoy en Gaztelueta. Esta tarde o mañana, si encuentro un hueco, explicaré el porqué. Hoy, de momento, ya tengo una primera anécdota para abrir el blog.

Acabo de regresar a la habitación que suelo ocupar en esta casa. Es un cuarto sencillo, no muy grande, con vistas a la desembocadura de la Ría de Bilbao. Desde aquí veo mi viejo Serantes y las puestas de sol más increíbles…, cuando hace buen tiempo, es decir cuatro o cinco veces al año. Lamentablemente hoy el clima se nos ha puesto bravo. Ya no recordaba yo la fuerza que pueden tener las galernas del Cantábrico.

A las ocho menos diez de la mañana he ido al oratorio de la casa y he estado allí algo menos de 45 minutos; suficientes para que se produjera la catástrofe. Un golpe de viento y lluvia ha abierto de par en par la ventana de mi cuarto, y la habitación entera se ha convertido en una laguna con olas y viento racheado de componente norte. Sobre la mesa, sumergidos en las aguas, navegaban los siguientes objetos: un cuaderno azul, la cámara de fotos, una novela de Mankell y el ordenador Toshiba.

Gracias a Dios, mi Toshiba nació en el extremo oriente y está acostumbrado a los tifones y tsunamis del Pacífico. Lo he secado con la toalla, ha estornudado levemente y ha vuelto a funcionar.

Dentro de unas horas celebraremos un cumpleaños más de mi madre, a quien todos llamamos ya simplemente “Marita”. Empezamos estos festejos cuando cumplió 80 y, desde entonces, año tras año se han ido repitiendo en el mismo restaurante de Neguri. Ella asegura que el día de su cumpleaños no llueve nunca.

Tiene razón: lo de hoy no es lluvia, es el diluvio universal.



Ella dirá que ha salido feísima

jueves 5 de noviembre de 2009

Atención a los radares


Gracias, Antonio, por enviarme esta fotografía. Tengo que salir de viaje hacia Bilbao, y ahora comprendo que las borrascas y los huracanes que azotan el Cantábrico no son el peligro mayor. La DGT ha instalado unos radares definitivos.


Los intrusos



A medida que aumenta el número de lectores del blog, crece también la cifra de intrusos que entran en “pensar por libre” con extraños propósitos. Hoy, por ejemplo, me llega un comentario, encomiástico hasta la exageración, en mi último post sobre el adolescente enamorado. Uno que no se fía un pelo de los elogios gratuitos, observa que el comentarista me invita a poner un enlace con su propio blog; él haría lo mismo como contrapartida. Hago click para ver cómo escribe el muchacho y me encuentro con una web caótica, confesionalmente masónica, anticlerical y más cursi que una perdiz con peineta.

Hace dos días recibo un e-mail que dice lo siguiente: ¡Hola!, me llamo NN y he descubierto tu blog por casualidad. Me ha encantado por su agilidad y buen criterio comercial (¿) y pienso que podemos hacer negocios ensieme (sic). ¿Te gustaría participar en…, etc. etc.? Lo extraordinario es que el remitente escribe, al parecer, desde Nigeria.

Luego están los insultadores. Generalmente lo ponen todo con mayúsculas y salpican signos de admiración a diestro y siniestro para que se vea que están muy enfadados. Yo supongo que la mayor parte tienen algún trastorno mental. Sólo así se explica su perseverancia en la injuria, aún sabiendo que no publicaré ninguna de sus brillantes afrentas.

Hace algunos meses pensé hacer una lista de los insultos recibidos para publicarla con unas breves palabras de agradecimiento. Tuve que desistir por la insoportable vulgaridad de la mayoría. Lamento tener que constatar que la riqueza imprecatoria del castellano ha disminuido notablemente en los últimos siglos. ¡Con lo bien que insultan, por ejemplo, los personajes de Quevedo o Cervantes! A mí, que soy un blanco fácil, lo más original que me han llamado ha sido “curilla inmaduro”. Es una pena que el remitente de esta perla no diese su nombre; lo habría abrazado agradecido, ya que, ni por edad ni por tamaño, me merezco el elogioso título de curilla. Y os aseguro que, con frecuencia, siento nostalgia de la edad “inmadura”, que ya nunca volverá.

—¿Y hay algún elogio que te moleste?

—En efecto, Kloster. Hay elogios envenenados que llevan implícita un puntapié en la zona glútea de un tercero. Son aquellos que comienzan diciendo: “usted sí que es abierto y liberal, no como el cura de mi pueblo, que es un sinvergüenza y un etcétera, etcétera.”

Por último, están los clericales-clerófobos que hacen consultas morales con el único propósito de organizar gresca y, si se tercia, de ponerte en ridículo en otro medio.

—¿Y cómo los distingues de los que preguntan con buena fe?

—Se les ve venir de lejos. Y, es curioso, si no les contestas, se convierten en insultadores. Una pena.